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De Lisboa hacia la orilla sur de Portugal con el océano Atlántico,
el país ofrece al visitante dos regiones muy claramente diferenciadas.
En la costa, el Algarve se muestra como la promesa de el moderno
Portugal que puede llegar a ser. Las inversiones europeas y el turismo
han hecho de esta región la de más rápido desarrollo
y de más prometedor futuro. Unos kilómetros más
al norte, el Alentejo, o las Planícies, como se
le denomina genéricamente, es la región más pobre
de Portugal y una de las más pobres de Europa incluso hoy. Tradicionalmente
agrícola, una sucesión de malas cosechas y el problema
de la propiedad de las tierras han hecho que las subvenciones de la
Unión Europea apenas hayan paliado las endémicas carencias.
EL ALGARVE
sigue directo al mehor de el Algarve. Lagos por aqui
El Algarve se caracteriza por tener sol todo el año, más
de 3000 horas. Siempre tiene algo que ofrecer para todos los gustos:
playas famosas, campos de golf, instalaciones deportivas, además
de los deportes náuticos. Ofrece ruinas de ciudades romanas,
sierras e iglesias revestidas de bellos azulejos. Esta zona atrae
más turismo foráneo que el resto de Portugal, y a pesar
de ello no ha perdido los atractivos paisajísticos que lo hicieron
posible. Destacan entre sus tierras la region de Lagos hasta Sagres, que se ha mantenido al margen del
urbanismo desenfrenado y sigue manteniendo sus caracteristicas originales.
EL ALGARVE OCCIDENTAL
La primera playa al oeste de Faro es Quinta do Lago, que junto
Vale do Lobo son lujosos enclaves llenos de urbanizaciones de
alto standing, con las más completas instalaciones deportivas
y suntuosos hoteles. La zona está llena de complejos de pistas
de tenis y magnífico campos de golf que hacen las delicias de
los amantes de este deporte.
A continuación se encuentra Quarteira, que es relativamente
tranquila y con una bonita playa. Junto a ella se encuentra Vilamoura
que, en torno a un sensacional puerto deportivo al que llegan embarcaciones
procedentes de todo el mundo, es la localidad más en auge de
todo el Algarve. el gancho, aparte del puerto, es la maravillosa playa
que posee. Vilamoura está llena de hoteles de lujo y alojamientos
para gente adinerada, pero incluso en temporada alta es posible encontrar
pensiones y habitaciones en casas particulares a precios muy razonables.
A 11 km de Quarteira, esta vez hacia el interior se encuentra Loulé,
que combina su pasado árabe y romano en torno a las murallas
del castillo. El Museo Municipal muestra restos de este pasado y de
la artesanía del lugar. Todavía se pueden contemplar cómo
los artesanos locales hacen los encajes, una de las joyas de la industria
local. Es muy agradable pasar por sus callejuelas empedradas y perderse
en el bullicio del mercado que se celebra todos los sábados,
de momento ignorado por los turistas que se acercan por aquí.
Para los amantes de lo paranormal, la carretera N270 de Poço
de Boliqueime a Loulé ofrece la posibilidad de experimentar cómo
los coches en una cuesta abajo se van frenando y llegan incluso a retroceder
contra la pendiente. No se ha encontrado una explicación lógica
al fenómeno, aunque sí existen varias teorías.
Es toda una experiencia sentir la fuerza que empuja el coche y tratar
de imaginar de qué se trata.
Siguiendo por la costa hacia el oeste, Albufeira tiene magníficas
playas en forma de 12 calas, con acantilados y caprichosas formaciones
rocosas y cuevas que le dan un particularísimo aspecto a toda
esta franja costera. La ciudad en sí es coqueta y acogedora,
con ciertas reminiscencias árabes y multitud de pequeños
comercios en los que adquirir los más variados souvenirs.
Los alrededores de Albufeira contienen magníficas playas que
poco a poco se van transformando con impresionantes y modernas urbanizaciones,
como las de Sao Rafael, Castelo y Galé,
situadas al oeste y hacia el interior de Albufeira. Para los que busquen
tranquilidad, la zona de Vale de Parra es un remanso de paz a
1.5 km de Galé, y a un cómodo paseo de 15 minutos de la
playa.
Al este de Albufeira se encuentran las mejores opciones para los amantes
de las buenas playas: Praia da Oura y Olhos de Agua no
están muy urbanizadas y se componen de unos espectaculares acantilados
de color ocre que delimitan pequeñas calas, en cada una de las
cuales se puede encontrar un ambiente diferente.
A unos 10 km al este de Albufeira, el paisaje cambia radicalmente, y
unos acantilados rojizos protegen una enorme extensión de arena
en la que se asientan Praia da Falésia y Aldeia das
Açoteias.
Siguiendo por la general N125 hacia el oeste del Algarve surge Porches,
donde se produce la alfarería más famosa del sur de Portugal.
Un poco más adelante es posible disfrutar del famoso vino de
Lagoa. Siguiendo la ruta, y sin desviarse mucho de la carretera,
se llega a Almaçao de Pera, que se precia de tener la
mayor playa del Algarve, y a Praia de Marinha, más tranquila
y con aguas permanentemente templadas en comparación con las
playas circundantes (el viajero debe recordar que conforme se acerca
al mar abierto, es decir, hacia el oeste, las aguas se vuelven más
frías).
Más adelante, Carvoeiro esconde sus hermosas playas entre
acantilados de color rojizo. A un kilómetro de esta localidad
se pueden contemplar las impresionantes formaciones rocosas de Algar
Seco. Muy cerca, Estombar es una pintoresca ciudad que se extiende
sobre la empinada ladera de un monte en un entresijo de callejuelas
haciendo muy grato el paseo por ellas.
En la desembocadura del río Arade, Portimao se presenta
como importante puerto pesquero y una de las mayores poblaciones del
Algarve. La ciudad antigua quedó destruida por el terremoto de
1755, pero la ribera del río y el puerto pesquero, llenos de
cafés y restaurantes son un excelente lugar para degustar las
capturas del día, especialmente las sardinas a la plancha. Tampoco
hay que perderse el gran mercado que se organiza todos los lunes.
Un kilómetro al sur de Portimao se encuentra Praia da Rocha,
uno de los primeros enclaves turísticos del Algarve. Posee una
magnífica playa enmarcada por magníficos acantilados y
un antiguo fuerte. Cruzando el estuario del Arade, justo enfrente de
Portimao, Ferragudo es un lugar mucho más tranquilo,
con una bonita y concurrida playa. En lo alto del monte donde se encuentra
la ciudad se alza un fuerte gemelo del de Praia da Rocha, y desde el
que se contempla una magnífica panorámica de la playa.
Siguiendo por la carretera que lleva a Lagos, Alvor, con
sus casas encaladas y sus bonitas vistas del estuario bien merece una
parada en alguno de los excelentes restaurantes que jalonan su playa.
Hacia el interior, Silves es una ciudad llena de historia y rodeada
por un imponente anillo de murallas de color rojizo. Desde éstas,
de origen musulmán, se aprecian preciosas vistas de la ciudad.
Merece la pena visitarse la catedral, que aunque maltratada por los
terremotos conserva sus dos anchas torres góticas, que le dan
un cierto aspecto de construcción militar. Gran parte de la historia
de Silves está reflejada en el Museo de Arqueología. El
resto del tiempo en Silves se puede dedicar a pasear por sus calles
y, por qué no, a tomar una copa en los cafés del mercado
y disfrutar con el bullicio que se forma en él.
Más hacia el interior, la Sierra de Monchique representa
el contraste oportuno a las magníficas playas, y ofrece la posibilidad
de realizar magníficas caminatas entre los frondosos bosques
de alcornoques, almendros, naranjos y limoneros. En medio de la sierra,
Caldas de Monchique es un magnífico balneario desde tiempos
muy antiguos. Desde los reyes de Portugal a la burguesía española
se han sentido atraídos por la paz que se respira en el lugar
y por el maravilloso paisaje en que se encuentra. Todavía quedan
gran cantidad de edificios decimonónicos como recuerdo del esplendor
pasado.
El pueblo de Monchique es un activísimo centro comercial
que todos los meses organiza una gran feria de agricultura en la que
tienen renombre los jamones ahumados y los muebles. Entre sus monumentos
destacan la Igrja Matriz y el monasterio franciscano de Nossa Senhora
do Desterro. Hacia el oeste, Foia se alza en lo más alto
de la sierra, a unos 900 metros sobre el nivel del mar. La maravilla
de esta ciudad es la visión panorámica de gran parte del
Algarve que se puede apreciar en los días claros. Otros lugares
que el excursionista sabrá apreciar por sus magníficos
paisajes son Marmelete y Santa clara.
Retomando el camino costero, la siguiente parada obligatoria es Lagos,
importante ciudad histórica, puerto, centro comercial y turístico
rodeado de murallas. Abundan en Lagos tanto los recuerdos del pasado
como las extraordinarias playas. De la época del apogeo del comercio
con Africa, Lagos conserva -sin orgullo, eso sí- las ruinas del
primer mercado de esclavos de Europa. De los devastadores efectos del
terremoto de 1755 han sobrevivido la Igreja de Santo Antonio y el Forte
Ponta de Bandeira, construido en el s. XVII para proteger la entrada
del puerto. a él pertenecen también las murallas que circundan
la ciudad. Muchos restos de las épocas pasadas se pueden contemplar
en el Museu Municipal, así como raras colecciones que van desde
los mosaicos romanos a los fetos de animales amorfos.
Al sur de la Lagos se encuentran las magníficas playas, que consisten
en una prolongada sucesión de pequeñas calas bordeadas
de acantilados que el tiempo ha erosionado con caprichosas formas. Casi
todas estas calas están lo suficientemente cerca de la ciudad
como para acceder a ellas caminando. Destacan Praia do Pinhao y
Praia de Dona Ana, que cuenta con un pintoresco restaurante construido
en la roca. Más adelante se encuentran Praia do Camilo y
Ponta da Piedade. Al este de Lagos, Meia Praia consiste en
una franja de arena de 4 km de largo que se extiende hasta la desembocadura
de los ríos Odiaxere y Arao.
Camino hacia el extremo occidental del Algarve, Sagres, el viajero
sigue encontrando poblaciones de gran atractivo que todavía conservan
el sabor de los pueblos pesqueros y que paulatinamente comienzan a ofrecer
más servicios para el turista. Entre estas están Burgau,
Luz y Salema. Mucho más vírgenes son las
playas de los pueblitos de Figueira, Raposeira, Praia
do Zavial y Praia da Ingrina.
Sagres
Sagres
posee el indudable atractivo -si uno se fija en el mapa- de hacer
sentir al viajero que, tal y como pensaban en la Edad Media, uno se
encuentra en uno de los confines del mundo. Aquí estableció
Enrique el Navegante la prestigiosa escuela de navegación de
la que saldrían, entre otros, Magallanes, Pedro Álvares
Cabral y Vasco de Gama. De la playa situada entre el Cabo de Sagres
y el de San Vicente partieron la mayoría de los viajes descubridores
que hicieron grande a Portugal. También aquí el terremoto
de 1755 causó estragos, y lo único que queda en pie de
la época de esplendor marinero es la fortaleza de Enrique
el Navegante, de la que se conserva la zona norte del amurallado,
que da una buena idea del aspecto impresionante que alguna vez tuvo.
Con todo, el gran atractivo de Sagres es la variada oferta de playas,
con el denominador común de su tranquilidad y de ser uno de los
mejores lugares de Europa para practicar el windsurfing. A la mayoría
de ellas se puede ir andando desde el pueblo. Destacan Praia da Mareta,
Praia da Baleira, Praia do Martinhal y Praia de Belixe.
A la hora de decidir visitar estas playas hay que recordar que
su situación geográfica propicia la baja temperatura de
las aguas así como poderosas y peligrosas corrientes.
El mítico Cabo de San Vicente, el auténtico fin
del mundo para los romanos, ofrece unas indescriptibles puestas de sol,
aunque a menudo ventosas. El pasado histórico fue borrado por
el terremoto, y actualmente solo queda el faro y las ruinas de un monasterio
capuchino del siglo XV.
A causa de la temperatura del agua y de las fuertes corrientes y vientos,
el litoral occidental del Algarve, el que se extiende de sur a norte,
apenas está explotado turísticamente. Para quienes se
sobreponen a las circunstancias climatológicas están las
playas de Villa do Bispo, Carrapateira, Aljezur y
Odeceixe.
FARO
Faro es la entrada internacional de toda la región con su
aeropuerto, la capital de la provincia y centro artístico y monumental.
Se puede considerar también que el Algarve está básicamente
dividido entre 'al este' y 'al oeste' de Faro, siendo el oeste la zona
más explotada turísticamente. Es importante además
por sus museos, entre los que destaca el Museo Municipal de
Arqueología, en el que se encuentran los restos de las cercanas
ruinas romanas de Estói, como el impresionante mosaico
que representa a Neptuno y los cuatro vientos. Los lugares de interés
se conservan en el casco antiguo, la Cidade Velha, a la que se
entra por el Arco da Vila. Desde aquí, por la Rua do Municipio,
se asciende hasta el Largo da Sé, con la catedral y el
palacio episcopal.
Fuera del casco antiguo destaca el puerto, con la vista de los yates
en él atracados, los jardines y las calles adyacentes, llenos
de tienditas, cafés y restaurantes. Cerca, el Museu Etnografico
presenta interesantes exposiciones, como la maqueta que explica
el sistema de redes que aún se utiliza para pescar el atún.
Más curiosa es la Igreja do Carmo, cuya Capela dos
Ossos tiene las paredes recubiertas de huesos humanos procedentes
del cementerio monacal cercano
ALREDEDORES DE FARO
La Praia de Faro es la playa urbana de la ciudad, y una muestra
de las isletas arenosas que se van a encontrar al este, hacia la frontera
española. Se accede a ella en un servicio de ferry, y aunque
está un tanto masificada, andando un poco se pueden encontrar
zonas tranquilas para darse un baño.
Muy cerca de Faro, 11 kilómetros hacia el interior, se encuentra
Estói, en cuya plaza mayor se alza el Palácio do Visconde
de Estói, versión reducida del palacio rococó de
Queluz. Pero el gran atractivo de esta localidad es el poblado romano
de Milreu. Conocido como Ossonoba por los romanos entre los siglos II
y VI d.C., este enclave fue el antecedente de lo que hoy es Faro. Destacan
entre sus restos el ábside de un templo que fue transformado
en iglesia cristiana, lo que hacen de ella una de las más antiguas
que se conocen en el mundo.
Unos 7 km más al norte, en plena sierra de Caldeirao,
el turista puede acercarse a Sao Bras de Alportel, una tranquila
localidad agrícola acogedora y muy cercana de los lugares turísticos
de la zona. En ella se pueden visitar la capilla del Senhor dos Passos,
que ofrece magníficas panorámicas de los valles circundantes,
y el Museo dos Trajes.
EL
ALGARVE ORIENTAL
Olhao es una ciudad construida en el s. XVII, de estilo árabe
en la que podemos visitar la iglesia de Nossa Senhora do Rosario y la
capilla de Nossa Senhora dos Aflitos. El mayor atractivo de la ciudad
está en pasear por sus calles por el bonito conjunto que conforman
sus calles, que hace al viajero pensar que está en algún
lugar del norte de Africa. Más interesantes son los alrededores,
con sus ilhas: Armona y Culatra.
Un trasbordador deja al viajero en el extremo sur de la isleta de Armona,
en la que una sucesión de chalets y cabañas producen un
pintoresco pueblo, lleno además de bares y restaurantes, siempre
animados pro la presencia de turistas nacionales y foráneos.
No hay que andar mucho en la isleta para encontrar extensísimas
playas de fina arena y aspecto casi virgen. No hay alojamiento, por
lo que la única manera de pernoctar es alquilar un chalet, lo
cual hecho en grupo puede resultar muy económico.
La Ilha da Culatra, al igual que Armona, ofrece por el lado que
da al océano inmensas extensiones de playas desérticas.
Es posible encontrar alojamiento a precios razonables.
Merece la pena pasear también por Tavira, ciudad de origen
romano y una gran riqueza monumental y artística. Desde los soportales
de la Praça da República, por una pequeña cuesta,
se llega al Castelo, desde donde se pueden divisar las 37 iglesias de
la ciudad, entre ellas la de Santa Maria do Castelo. Pero la
zona más atractiva de Tavira es el la ribera del río Gilao,
en la que se extienden jardines bordeados de cafés, hasta llegar
al mercado del puerto. Toda la zona es un agradable paseo, y está
llena de restaurantes y sencillos bares de pescadores en los que se
pueden degustar excelentes menús en los que casi siembre habrá
un gran filete de atún, cuya pesca sigue siendo el principal
soporte económico de los farenses.
Tavira cuenta también con una maravillosa isleta, la Ilha
de Tavira, a la que se accede en ferry, y que en la orilla que da
al atlántico ofrece larguísimas playas de dunas salpicadas
con bares y restaurantes en los que degustar la pesca del día
Siguiendo hacia la frontera con España la próxima población
es Cacela Velha, que se ha mantenido al margen del turismo de
camping que invade las localidades circundantes. Situada en un promontorio
por encima del mar y rodeada de olivares, posee una magnífica
playa y una barra de arena enfrente, a la que se puede pasar pidiéndoselo
a los pescadores de la zona, que seguramente proporcionarán el
servicio en una de sus barcas.
Ya en la frontera fluvial del Guadiana, Vila Real de Santo Antonio
es una animada ciudad en la que se amalgaman turistas protugueses
y los recién llegados de Andalucía. El ambiente es magnífico
en sus bares y restaurantes, y son frecuentes las corridas de toros,
conciertos de rock y verbenas de barrio. La ciudad antigua fue arrasada
por un maremoto en el siglo XVII, y en 1774 fue reconstruida por el
Marqués de Pombal, que diseñó para ella el mismo
trazado cuadriculado que ya había ensayado en la Baixa de Lisboa.
Tras muchos años de espera en Vila Real y en la vecina Ayamonte,
en verano de 1991 se abrió el puente que une las dos localidades
y los dos países. La carretera que parte de Ayamonte llega a
Huelva y se prolonga hasta Sevilla. Todavía es posible cruzar
la frontera en el transbordador que lo hacía antiguamente en
un agradable paseo de 50 minutos a través del río.
Unos 5 km al norte de Vila Real se encuentra Castro Marim, un
pueblecito rodeado de una reserva natural en la que aún se puede
encontrar el casi desaparecido camaleón mediterráneo,
muy bello e inofensivo.
EL ALENTEJO
Se extiende hacia el sur del Tajo hasta el Algarve. Es una región
de vastos campos de trigo, olivos y viñedos y la que presenta
más influencia romana. En ella encontramos centros históricos
famosos por sus castillos, como Marvao y Monsaraz. A su vez, Évora
y Beja son ciudades en las que la Historia ha dejado huellas únicas
y monumentales. La región está dividida en dos provincias:
el Alto (Norte) y Baixo (Sur) Alentejo.
EVORA
Y EL ALTO ALENTEJO
Evora
Évora
es el más importante centro cultural romano, y está declarado
Patrimonio Mundial por la UNESCO. Posee numerosos monumentos, entre
los que figuran un templo romano, un barrio moro y un grandioso conjunto
de palacios y mansiones del siglo XVI, además de un cinturón
de medallas medievales, todos ellos en un envidiable estado de conservación.
La ciudad aún tiene un aire provinciano y agrícola, lo
que unido a lo bien comunicada que se encuentra, especialmente con Lisboa,
hacen de ella un destino ideal para un turismo más reposado que
el que se haya podido hacer por el Algarve.
El Templo Romano de Evora, situado en el centro del casco antiguo,
data del siglo II d.C., y es el mejor conservado de Portugal. Enfrente
de él se halla, convertido hoy en parador nacional, el estupendo
Convento dos Lóios, del siglo XVI. Es una de las mejores
muestras existentes del llamado arte luso-mudéjar de la época.
A su izquierda se encuentra la iglesia conventual, la preciosa Sao
Joao Evangelista.
La Catedral de Evora (Sé) es una curiosa mezcla de artes
románico y gótico, y fue construida en el siglo XII, justo
cuando la ciudad fue conquistada a los árabes. A su lado se encuentra
el Museo Municipal, que cuenta con importantes colecciones de
pintura portuguesa. Hacia el norte está la Antiga Universidade,
una de las zonas más animadas de la ciudad. Otros monumentos
que merecen una visita son la Ermida de Sao Bras, la Igreja
de Graça, y la increíble Capela dos Ossos,
de la iglesia de Sao Francisco, con sus pilares y paredes recubiertos
de los huesos de más de 500 monjes que vivieron aquí.
Menos macabros, por supuesto, son el Palácio de Dom Manuel
y el Museu do Artesanato Regional.
Hacia el sur, Monsaraz es un pueblo amurallado situado a una
enorme altura, lo que permite divisar el paisaje de las Planícies
en todo su esplendor. Se puede ver incluso el río Guadiana en
su frontera con España. Su monumento más destacado es
la Torre de Menagem, que forma parte de una cadena de fortalezas que
se extendía por el sur hasta Mourao. Alrededor de Monsaraz se
pueden visitar dos gigantescos menhires, uno es el de Outeiro y el otro
el de Bulhoa.
Elvas
Hacia el este se encuentra Elvas que, situada en lo alto de un
monte, fue durante mucho tiempo el puesto fronterizo más importante
de Portugal, a tan sólo 15 kilómetros de Badajoz. Sus
tres fuertes y el cinturón de murallas son de las estructuras
militares más complejas de Europa, y se conservan en perfecto
estado.
Las murallas se comenzaron a construir en el siglo XIII y se
concluyeron en el XVII. Otra impresionante obra arquitectónica
es el Aqueduto da Amoreira, de diseño manuelino y una
longitud de 17 kilómetros. También manuelina es la Igreja
de Nossa Senhora da Assunçao, que fue catedral mientras Elvas
fue sede episcopal. Detrás de la catedral está el Largo
de Santa Clara, una plazuela adoquinada construida en torno a una
picota.
Enfrente se alza la extraña y preciosa iglesia de Nossa Senhora
da Consolaçao, con su magnífica capilla octogonal
y las superficies cubiertas de espléndidos azulejos del siglo
XVII.
En la parte norte del Alto Alentejo se encuentra Portalegre,
centro comercial y nudo de comunicaciones. Es una atractiva ciudad al
pie de la sierra de Sal Mamede. Como reliquias de su próspero
pasado industrial, Portalegre conserva un magnífico conjunto
de casas y mansiones de los siglos XVII y XVIII que le dan un aire de
opulencia venida a menos. Además del Museu Municipal hay que
visitar la Fábrica Real de Tapisseria, instalada en un antiguo
convento jesuítico del siglo XVII.
Un poco más al norte, Marvao ofrece unas vistas sin parangón
desde su remoto emplazamiento, al parecer residuo de una misteriosa
ciudad romana, Medobriga, que desapareció casi sin dejar rastro.
Su escasa población (menos de 1.000 habitantes) garantizan totalmente
la tranquilidad del turista. Destaca su castillo, construido por Don
Dinis como parte de la cadena de fortalezas junto a la frontera española.
Siguiendo hacia el noroeste se encuentran los castillos de Almourol,
Abrantes y Belver. Este último es uno de los más
famosos de Portugal, y aunque está al norte del río Tajo,
oficialmente pertenece a la provincia del Alto Alentejo. Fue construido
en el siglo XII, y sus murallas forman un pentágono irregular
en la cima de un monte accesible por un estrechísimo sendero
que obliga que no puedan entrar más de una persona a la vez.
EL
BAIXO ALENTEJO
El caluroso y seco interior del sur del Alentejo tiene como atractivo
principal la ciudad de Beja y los pueblos fronterizos de Serpa
y Mértola. La zona costera, por su parte, ofrece unos
agradables balnearios de amplias playas que a veces son azotadas por
los vientos del Atlántico, haciendo peligroso el baño
en ellas. Prescindiendo de algunos días de baño, estos
lugares dan la tranquilidad que las concurridas playas del Algarve no
consiguen.
Beja
cuenta con el sosiego espiritual del Convento de Nossa Senhora da Conceiçao,
famoso por las 'Cinco Cartas de amor de una monja portuguesa' que se
supone escribió aquí la hermana Marina Alcoforado a su
enamorado, un oficial de caballería francés, en el siglo
XVII.
El Castillo de Beja se distingue por las singulares almenas de su torre.
Al lado se encuentra la basílica visigoda de Santo Amaro, uno
de los pocos vestigios existentes del arte preislámico portugués.
De las restantes iglesias, la más notable es la de la Misericordia,
de mediados del siglo XVI, que se encuentra en la Praça da República.
A unos 30 km, al este se encuentra Serpa, un pequeño centro
comercial, que además de las típicas construcciones militares
de la zona ofrece el atractivo de la cascada de Pulo do Lobo. El castillo,
casi todo árabe, ofrece buenas panorámicas de las llanuras
del Alentejo. Junto a él se encuentra la iglesia de Santa Maria.
El Museu Etnografico muestra interesantes exhibiciones sobre el desarrollo
de la actividad económica en la comarca. A 18 km, en medio de
un impresionante paisaje rocoso, se encuentra la magnífica cascada
de Pulo do Lobo, que bien merece una excursión.
A corta distancia dirección sur se encuentra Mértola,
un importante centro arqueológico. El principal lugar de interés
es el castillo, desde el cual se puede divisar el Guadiana. Merece la
pena dedicar algo de tiempo para visitar la Igrega Matriz, originariamente
una mezquita de la que aún se conservan algunas partes, y el
Museo Arqueológico, con excelentes colecciones de alfarería
romana procedentes de excavaciones de la zona.
Las
Localidades Costeras
La
primera de ellas, según se viaja hacia el sur es Vila Nova
de Milfontes, situada en el estuario del río Mira. Es una
población muy acogedora, con apenas unas cuantas familias de
provincias portuguesas del norte que vienen a pasar aquí el verano.
Posee un pequeño pero impresionante castillo.
Cinco km al sur, Almograve tiene una escarpada costa que las
olas azotan con tal fuerza que hacen casi imposible el baño.
El lugar impone, no obstante, y siempre hay gente que acude en busca
del contacto con la naturaleza en su estado más salvaje. Un poco
más al sur, Zambujeira do Mar tiene unas extensas playas
de aguas muy frías, incluso en el verano.
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